Nicanor García: “Una fotografía debe ser, básicamente, una herramienta de reflexión”

Cada día tienes la oportunidad de ver muchas situaciones cotidianas que llaman tu atención. Convertirlas en historias a través de fotografías es el principal objetivo del arquitecto y fotógrafo, Nicanor García. Barcelona, Estambul, Londres, Florencia, Petra, Islandia… No hay rincón en este planeta que no haya sido inmortalizado por este original artista.

 

Si pudieses volver atrás en el tiempo… ¿habrías orientado tus estudios y tu carrera al mundo de las artes?

Si bien los arquitectos comparten una formación técnica con ingenieros y arquitectos técnicos, su formación también incluye muchos ingredientes creativos, artísticos y humanísticos. La relación con el cliente y los agentes sociales es muy estrecha durante el desarrollo de un proyecto, por lo que hay que hacer que un edificio, una casa o un espacio público se adecue a las condiciones económicas, pero también a las condiciones sociales, culturales y estéticas del cliente, que puede ser una familia, una entidad o la sociedad.

Eso hace que en la carrera aprendas a resolver estructuras, instalaciones o como construir, pero también te da una buena base en técnicas de representación, en historia de la arquitectura o en el desarrollo de todo tipo de proyectos.

En mi caso tuve suerte y me dio la oportunidad de diseñar y construir todo tipo de proyectos, desde edificios de viviendas a oficinas, trabajos de urbanismo y paisajismo. También tuve la oportunidad de transmitirlo durante varios años dando clases. Y en todos esos casos utilizaba la fotografía, de una manera u otra, como una herramienta de trabajo.

 

¿Cuándo te diste cuenta de que una afición se podría convertir en una profesión?

Aprendí fotografía de forma natural, casi sin darme cuenta. Mientras estudiaba arquitectura fui aprendiéndola a medida que la necesitaba en los diferentes trabajos de la carrera. Pero también al estudiar libros y revistas de arquitectura en mi formación. En los libros y revistas de arquitectura predominan las imágenes que suelen estar realizadas por grandes fotógrafos. Eso es clave en la formación de los arquitectos y poco a poco, a lo largo de los años, me fue influenciando esa forma de ver el mundo.

Al empezar a trabajar como arquitecto seguía consumiendo gran cantidad de libros y revistas con lo que esa formación se extendió por mucho tiempo. Aún hoy sigo ampliando mi biblioteca y me gusta ver fotografías en papel, pero cada vez lo hago más a través de las redes sociales y sobre todo de webs o blogs. En esa primera etapa ya tuve ocasión de hacer una exposición de fotografía en solitario donde mostré fotos que realicé durante un viaje a Nueva York y Chicago.

Más allá de esto, quizás sí hubo un momento clave donde me di cuenta que la fotografía podía ser un camino. En algunos de los edificios que llegué a construir, encargué el reportaje fotográfico a uno de mis fotógrafos favoritos en Barcelona. Un tiempo después terminé uno de mis últimos trabajos como arquitecto. En ese caso, y debido a la crisis, decidí hacer yo mismo el reportaje fotográfico. Al cabo de un tiempo una revista de arquitectura me pidió publicar algunas fotos de esos dos edificios. Pensaron que ambos reportajes eran del fotógrafo profesional, con lo que me dio ánimo a continuar con mi afición a la fotografía y profundizar… hasta este momento que me dedico 100% a ello.

 

¿Cómo de útil es tu visión arquitectónica para la fotografía?

Es fundamental, pues es mi punto de partida y a través del cual se ha empezado a desarrollar mi mirada fotográfica. Me considero un fotógrafo joven, pues solo llevo 6 años trabajando de modo profesional. En ese sentido, mi visión arquitectónica representa una serie de ventajas, pero también me lleva a límites desconocidos. En todo lo relacionado con lo urbano, arquitectura, ciudades, espacios, geometría… he acumulado algunos criterios fotográficos a lo largo del tiempo, tengo una cierta seguridad por mi trayectoria anterior como arquitecto, y eso se refleja en muchas de mis fotos.

Sin embargo, lo que me parece realmente interesante, y refrescante, es cuando me enfrento a otro tipo de fotografías. Por ejemplo, puntualmente tengo experiencias en fotografía de paisaje, retratos, fotografía de producto o de moda que me obligan a adaptarme, y en algunas de ellas me encuentro tan cómodo como con mis temas principales. Eso me lleva a experimentar y buscar más allá de mis límites, lo que hace crecer mi visión arquitectónica de partida. Es algo muy recomendable para cualquiera que haga fotografía, que realice lo que más le gusta, pero que también experimente con otros campos.

El sentirse confortable con la duda es la mejor manera de disfrutar y ser creativo. Eso te lleva a arriesgar y experimentar lo que beneficia a tu visión inicial y te hace aprender.

 

¿Qué foto repetirías y por qué?

Hay muchas fotos que repetiría simplemente porque eso significaría que vuelvo al lugar donde las hice. Aparte de eso, realmente pienso que es difícil repetir una fotografía, ya que las condiciones, el aspecto, de todo lo que nos rodea cambian muy rápidamente. A algunos lugares me gustaría volver con una actitud neutra que me permitiera entender qué ha cambiado a lo largo del tiempo, y qué es hoy ese lugar en relación a lo que fue. En sí constatar lo que ha pasado, congelarlo, es uno de los aspectos fascinantes de la fotografía.

 

¿Qué buscas transmitir con tus fotos?

Al tomar una foto no puedes plantearte que quieres transmitir, eso llega después, a lo largo del proceso de realizar la foto. Cuando estás mirando por el visor de la cámara lo esencial es vivir ese momento, sentirlo en primera persona, ser testimonio de lo que vemos. Esto no es nada fácil, pues tendemos a dejarnos influenciar por el contexto, por la mirada de otros fotógrafos, por las modas…

Prefiero salir a hacer fotos en solitario o en un grupo pequeño. Me gusta tomarme el tiempo necesario para mirar y entender lo que veo, desmenuzarlo con la vista y detectar lo que más me llama la atención, lo que sale de la regla, pero que, sin embargo, define lo que estoy viendo por ser excepcional.

Cuando consigo capturar esa esencia de un espacio, de un lugar, vuelvo con cierta ansiedad y ganas de verlo de nuevo en la pantalla y necesito editarlo hasta sacar todo lo que fue aquel momento, es fácil que esa foto pueda transmitir algo de lo que vi y experimenté en ese sitio. Entonces quizás sea posible que lo que fue excepcional para mí, también pueda serlo para quien observe la fotografía.

 

Cuando paseas por la calle, ¿qué te llama la atención para sacar la cámara?

Es diferente la atención que tienes cuando recorres tu propia ciudad que cuando visitas una ciudad nueva o estás de viaje. En casa tendemos a relajarnos y dar muchas cosas por vistas, sin embargo, al viajar parece que todo es diferente, cada pequeño detalle cobra importancia. La actitud de turista es similar a la de los niños cuando descubren algo por primera vez. No es fácil generar esa actitud, pero es lo que intento al salir a fotografiar, el mantener viva la curiosidad.

En las calles podemos encontrar perspectivas, detalles, edificios singulares (por su arquitectura o por sus circunstancias), las diferentes reacciones de las personas… cualquier detalle geométrico o que genere un patrón merece la pena intentar entenderlo. Y en algunas ocasiones lo relaciono con alguna persona para darle más sentido o escala.

En cierta forma la vista es un músculo que necesita un entrenamiento constante para que detecte lo que te interesa fotografiar.

 

¿Planificas tus fotos o surgen en el momento? ¿Qué haces si no llevas tu cámara encima y sientes la necesidad de fotografiar algo?

Depende de cada situación. Por lo general, disfruto más descubriendo las fotografías al explorar un lugar o ciudad con calma. En esas situaciones combino diferentes tipos de fotografías: fotografía de calle, escenas urbanas, arquitectura, algún interior o paisaje urbano. Voy abierto a todo lo que veo y pueda llamarme la atención.

Cuando se trata de un trabajo específico o de una visita con tiempo limitado, intento optimizarlo estudiando previamente lo que me puedo encontrar. Preparo el equipo para ese caso y miro de hacer una búsqueda de lugares interesantes, pero sin limitarme a los edificios emblemáticos o más conocidos. Una buena fotografía se puede tomar en cualquier lugar y depende de varios factores. La localización, el tiempo, el horario adecuado… es algo que podemos determinar y conocerlo de antemano. Una vez llegamos al lugar todo depende de nosotros y de nuestra capacidad de tener un punto de vista original y creativo. Lo que nos ofrece un lugar combinado con lo que ponemos de nuestra parte, es lo que da como resultado una fotografía única.

En cuanto a que ocurre cuando no llevo cámara… en cualquier caso llevo el móvil y estos han mejorado mucho en calidad en los últimos años, y tienen tanta calidad como las cámaras de hace pocos años atrás. En mi última exposición incorporé una fotografía tomada con móvil gracias a que estaba tomada con un dispositivo con buena resolución y calidad.

La clave con la fotografía móvil es no tomársela a la ligera. Si cuidamos el momento, el encuadre y utilizamos el móvil con la misma consciencia que cuando lo hacemos con una cámara, la fotografía que resulte puede ser equivalente.

 

¿Cuál es la ciudad que más te ha sorprendido sin esperarlo?

Todas las ciudades me resultan interesantes, pues todas tienen aspectos comunes, pero muchos otros diferentes que las hacen únicas. Conocer una ciudad, su gente, sus lugares, sus rincones… es algo sorprendente en sí mismo. Me interesa volver a las ciudades e irlas conociendo cada vez con más profundidad, como si fueran las múltiples capas de una cebolla. De las ciudades que he vuelto repetidamente me sorprenden Estambul y Tokio, y cada viaje a ellas supone un nuevo descubrimiento. Ambas son ciudades con mucha población y diferentes barrios. El conocer sus diferentes matices me resulta interesante, pues muestra diferentes aspectos de una misma cultura y nos aproxima a ella.

 

¿Alguna vez pensaste que llegarías a tener tantos seguidores en Instagram?

Empecé mi cuenta en Instagram a principios de 2012 con un punto de vista muy personal, reflejando lo que me interesaba, y me sigue interesando, y que fue el núcleo de lo que desarrollo ahora. En aquel momento a la arquitectura, la ciudad, lo urbano no se le prestaba demasiada atención en Instagram. Ese enfoque personal entiendo que es el que hizo que mi cuenta fuera cogiendo popularidad e interés y haya servido de inspiración a muchos otros.

 

“Ojo de Tigre”, “Dagas al corazón”, “Cruz solar”… ¡Qué poético! Casi podríamos decir que eres un artista nato… Aparte de la arquitectura y la fotografía, ¿qué otras aficiones tienes?

El ser o no ser un artista no depende de uno mismo, depende de que los demás consideren que lo que haces es arte, o no. Cuando hago una fotografía escojo un encuadre y establezco o reconozco unas relaciones dentro de ella. Como arquitecto realizaba lo mismo, en cada proyecto diseñaba los espacios para ordenarlos y relacionarlos, y así conseguir resolver una necesidad de algunas personas. Al realizar fotografías para arquitectos, entidades o marcas me sigue guiando ese sentido de síntesis. Pero cuando las fotos las realizo para mi no tiene un fin determinado más que lograr tener una experiencia y recordarla. Los títulos aparecen a través de reflexionar en lo que he fotografiado y espero que eso también motive a la reflexión al que contempla la fotografía. No creo que una foto deba ser simplemente descriptiva, desde mi punto de vista una fotografía debe, básicamente, ser una herramienta de reflexión.

En cuanto a otras aficiones mi favorita es viajar, que además completa bien a la fotografía y la arquitectura. Si extiendo los vértices del triángulo viaje-fotografía-arquitectura, me interesa la cultura, el cine y el arte que son algunos de los temas recurrentes en mis títulos fotográficos y viajes.

 

¿Qué foto tienes en tu perfil de WhatsApp?

En todas las redes sociales utilizo la misma fotografía, un lucernario de hormigón que mira al cielo y que recuerda a un ojo.

Nicanor García

Instagram: nicanorgarcia

Sylvain Vernay: “Cocinar es un acto de amor”

Gourmétier es un espacio que fusiona la gastronomía y la fotografía culinaria. No pretende ser un mero compendio de recetas, sino que responde a la necesidad de expresar y compartir una filosofía de vida que busca a través de la cocina tanto la felicidad propia como la de los que nos rodean. Platos exquisitos y vistosos, con la misma pasión y maestría con la que un artesano desempeña su oficio.

 

¿De dónde viene tu pasión por la cocina? 

Cuando era pequeño, pasaba más tiempo entre fogones que jugando en mi cuarto. Aún me veo de puntillas, tirando del delantal de mi madre para que me subiera a una silla y poder ver lo que hacía. ¡Quería tenerlo todo bajo control! Y mi madre, en lugar de echarme de la cocina, me lo explicaba todo con muchísima paciencia: qué era cada ingrediente, a qué sabía, cómo se usaba… Eso es una suerte, la verdad. Mi madre me enseñó a valorar la comida y a no desperdiciarla. Me transmitió su pasión por la cocina tradicional y los buenos productos. 

 

¿Y la pasión por la fotografía? 

La pasión por la fotografía llegó más tarde… coincidió con la creación del blog. Como la gran mayoría de mis compañeros blogueros, empecé usando un teléfono y un iPad para hacer fotos de mis platos. Nunca había tenido una cámara réflex en las manos y me daba muchísima pereza porque me parecía algo complicadísimo. No tardé en darme cuenta de las limitaciones de los móviles, así que, sin ningún conocimiento de fotografía, me puse a practicar en casa con una réflex. ¡Y menudo cambio! Cuando usas una réflex, ya no hay marcha atrás.  

¿Qué significa para ti cocinar? 

Es un acto de amor. Siempre he disfrutado muchísimo más cocinando que comiendo. Me encantan las reuniones de amigos y de familiares alrededor de una mesa.  

En realidad la cocina representa la vida misma: un aprendizaje y una búsqueda constantes, grandes satisfacciones, pero también alguna que otra frustración.  

En la cocina disfruto como un enano: me pongo música, una copita de vino si se tercia, ¡y al lío! Suelo cocinar a diario porque soy bastante sibarita y no me gusta comer cualquier cosa. No me cuesta nada ponerme a cocinar. Soy de los que abren la nevera y en 30 segundos saben lo que van a hacer. Entre semana, preparo cosas sencillas, pero siempre con productos de primera calidad: ¡así lo aprendí de mis abuelos!  

 

¿Cómo conviven tus orígenes franceses y argelinos en tu cocina? 

Tengo la inmensa suerte de haber nacido en una familia amante de la cocina y con influencias culinarias muy diversas. Por un lado, la paterna, oriunda de Lyon, cuna de la gastronomía francesa y de la buena mesa. Por el otro, la materna, originaria de la Argelia colonial francesa, con sus influencias árabes, italianas y españolas. Recuerdo las comidas familiares con mucho colorido y una explosión de sabores: ¡en una misma mesa se podía juntar salchichón de Lyon, sobrasada y cuscús! 

Todo ese legado gastronómico, que para mí es un verdadero tesoro, sigue perdurando en mi cocina diaria. Además, llevo casi veinte años viviendo en España y mi vínculo con la gastronomía española es muy fuerte. 

 

Quién o qué te motivo a cocinar? ¿Recuerdas tu primera experiencia entre fogones? 

Aunque el amor por la cocina y la buena mesa lo heredé tanto de mi familia materna como de mi familia paterna, mis abuelos y mi madre fueron los que más me influyeron. Mi abuela era una excelente cocinera y mi abuelo un amante del buen comer. Era un sibarita y siempre elegía los mejores productos, tanto para él como para nosotros (mi madre era hija única, así que éramos sus únicos nietos). Mis abuelos solían visitarnos todos los domingos y venían cargados de deliciosos productos frescos.  

Nunca olvidaré las alcachofas a la brasa con ajo y perejil de mi abuelo, los mantecaos de mi madre o la chouchouka de mi abuela. 

 

Eres un apasionado del pan y de la repostería… ¿Qué te llevó a especializarte en este tipo de cocina y no en otra? 

Mi pasión por la repostería y el pan siempre estuvo ahí, pero se manifestó tarde. Hasta los 18 años estuve viviendo en un pequeño pueblo del sudeste de Francia. Una de mis mejores amigas de la infancia era la hija del panadero y muchas tardes las pasábamos jugando en la trastienda de la panadería, rodeados de sacos de harina y de las amasadoras que entonces me parecían gigantescas. Me fascinaba aquel entorno caótico, mágico y misterioso. Fue hace tres años cuando de verdad desarrollé esta pasión.  

Hacer pan (y repostería en general) tiene bastantes similitudes con un trabajo artístico. Curiosamente, hace unos meses se puso en contacto conmigo la redactora de una revista de arquitectura para hacerme una entrevista –¡a mí, que no soy arquitecto!– porque mis panes le parecían obras arquitectónicas. Nunca me lo había planteado de esa forma, pero en el fondo tiene razón: el pan se diseña y se construye como un proyecto de arquitectura, y lo mismo sucede con un producto de panadería o de alta repostería.  

 

Conviertes los alimentos en verdaderas obras de arte. ¿Cómo se prepara un shooting de fotografía culinaria? 

¡Muchas gracias por pensar eso de mi trabajo!  

Antes de empezar a cocinar, tengo muy claro qué receta hacer, cómo prepararla y cómo quiero fotografiar el resultado final: fotografía de producto, bodegón, escenas con movimiento, etcétera. Es importante tenerlo todo planificado. Aunque debo admitir que, a veces, la inspiración viene con el plato o el postre ya terminado.  

Me gustan mucho los bodegones y disfruto montando escenas. Lo más importante para mí en la fotografía culinaria es que el producto destaque. Quiero que lo que haya cocinado tenga el protagonismo y que quien lo vea quiera comerse la pantalla 

Por eso, hay veces que cuando veo un bodegón con demasiados elementos, al final me pierdo y no sé distinguir cuál es el principal o lo que el fotógrafo ha querido resaltar. 

Yo busco la sencillez y la elegancia. Para lograrlo, utilizo muy pocos elementos: un fondo (casi siempre oscuro) y una superficie de apoyo que suele ser de madera desgastada o de algún material con textura.  

Como he dicho, el protagonista debe ser el producto o el ingrediente que quiero capturar. Y para ello, la luz es fundamental. Un producto bien iluminado, ya sea con luz natural o con luz artificial, saldrá siempre favorecido. Para mí, es lo más complicado de la fotografía culinaria: crear las condiciones idóneas para conseguir una luz bonita y natural. 

 

Organizas talleres de cocina desde hace poco. ¿Inviertes tu tiempo exclusivamente en tu blog y las redes sociales, o te dedicas a otra cosa? 

Llevo casi 20 años trabajando como traductor autónomo en mi propia empresa que creé con mi pareja. Trabajar en casa me da muchísima libertad para dedicarme a mi pasión. La ideal del blog surgió hace un par de años. Iba publicando fotos de mis platos y de mis postres en las redes y mis seguidores me pedían recetas. Así que decidí crear un blog. Hacerse un hueco en el mundo bloguero y en las redes sociales no es nada fácil. Hay que ser constante y sobre todo intentar crear un estilo propio. También hay que ser humilde y honesto, y creer en lo que haces. La idea de dar talleres surgió el año pasado, cuando grabé un anuncio para una marca de lácteos. La propietaria del local donde grabamos, que también tiene una escuela de gastronomía y organiza cursos, me ofreció la oportunidad de dar mis primeros talleres de repostería. He de decir que me lo pasé muy bien y que fueron todo un éxito. Un taller requiere mucha preparación y, lamentablemente, mi trabajo como traductor me impide dedicarle el tiempo necesario. 

 

¿Cuál es tu alimento fetiche? 

Qué pregunta más difícil. ¡Me gusta todo! Pero si tuviera que elegir, sería el huevo. Es tan versátil… ¡Cuántas veces nos arregla una cena cuando no sabemos qué comer! Una tortilla, un revuelto o un huevo duro en una ensalada ¡y listos! También me resulta imprescindible en la repostería: aporta estructura y sabor, y se pueden hacer miles de recetas con él. 

 

Seguro que alguna vez no te ha salido alguna receta como querías. ¿Puedes contarnos alguna anécdota? 

¡Sí, por supuesto que algunas recetas no me salen! En la cocina se aprende a base de ensayo y error, sobre todo para los que, como yo, no tienen ninguna formación técnica o profesional.  

Debo admitir que soy muy perfeccionista y que no suelo parar hasta conseguir lo que quiero. Pero fallos he tenido… ¡y sigo teniendo! Recuerdo el primer pan que hice con masa madre: aquello era un bloque, más duro que una piedra y más seco que la mojama. No valía ni para rallarlo [risas]. 

 

¿Para quién te gustaría cocinar y qué le prepararías? 

Como te he comentado antes, me encanta cocinar para amigos y familiares, y verlos disfrutar. Cada domingo, solemos reunirnos toda la familia y yo soy el encargado de los postres. Si algún domingo llego con las manos vacías o con un postre comprado –porque no me ha dado tiempo a hacer nada– me retiran la palabra [risas].  

Si te refieres a cocinar para personajes conocidos, no sabría qué decirte. ¡Hay tantos a los que admiro! Anne-Sophie Pic, Philippe Conticini, Daniel Álvarez… Aunque, si te soy sincero, cocinar para un personaje famoso implica muchísima presión. Te voy a contar una anécdota: hace un año, uno de mis seguidores en Instagram me mandó un mensaje para felicitarme por el nuevo diseño del blog y me comentó que una tal Samantha quería conocerme. Yo no sabía que él trabajaba en la productora de Masterchef y cuando me comentó que se trataba de Samantha Vallejo-Nájera, me quedé a cuadros. Meses después recibí una llamada de Samantha diciéndome que me quería conocer, verme en mi entorno y probar algunos de mis dulces. ¡Menuda presión! Samantha vino a merendar a mi casa con su jefe de cocina, y lo pasamos estupendamente. Eso sí, las dos semanas previas al encuentro estaba atacado de los nervios. Por suerte, a Samantha le encantó lo que había preparado e incluso se llevó un táper para sus hijos [risas]. 

Sylvain Vernay 

Instagram: sylvain_vernay 

Blog: www.gourmetier.com